viernes, agosto 21, 2009

Stanislaw Lem - Salvemos al espacio



Después de mi larga estancia en la Tierra emprendí un viaje para volver a visitar los lugares preferidos de mis antiguas excursiones: los grupos esféricos de Perseo, la constelación de Carnero y la gran nube estelar en el núcleo de la Galaxia. En todos lados encontré cambios sobre los cuales me es muy difícil escribir, ya que no han sido, precisamente, para bien. Hoy en día se habla mucho acerca de la difusión del turismo cósmico; sin duda el turismo es algo muy útil, pero todo debe tener su medida.


El desorden comienza al pasar la puerta. El cinturón de asteroides que circula entre Tierra y Marte se encuentra en un estado lamentable. Esa monumental chatarra rocosa, antes hundida en la eternidad de la noche, fue iluminada con luz eléctrica. Además, cada asteroide ha sido esculpido pedazo a pedazo, con iniciales y monogramas.


El preferido por todas las parejitas enamoradas, Eros, tiembla bajo los impactos con los que diversos seudocalígrafos forjan en su corteza un sinfín de dedicatorias. Algunos oportunistas les rentan martillos, martillos neumáticos y hasta desarmadores, y así nadie puede encontrar una roca virginal en ese lugar que antes era el más salvaje de los paraísos.Por doquier asustan los letreros "Sentimos amor infinito en este meteorito", "He aquí la roca del asteroide, bajo ella duró nuestro amor", y otros similares con corazones atravesados por flechas, del peor gusto.


En Ceres, de la cual gustaron, no entiendo por qué, las familias numerosas, florece una verdadera plaga de fotomanía. Ahí merodean muchos fotógrafos, quienes no sólo rentan las escafandras especiales para el retrato, sino también cubren las rocas con una emulsión y por una cuota muy baja eternizan sobre ellas excursiones enteras, fijándolas con barniz. Las familias en una pose adecuada (padre, madre, abuelos, hijos) sonríen en los rocosos precipicios, lo cual, como leí en algún folleto, crea la "atmósfera familiar".


Respecto a Juno, ese pequeño y hace años hermoso planeta, prácticamente ha dejado de existir. Cualquiera que así lo desee fracciona su corteza y arroja los pedazos al vacío. No perdonan ni a los meteoritos de hierro, que destinan a anillos o broches de recuerdo, ni a los cometas; hoy hay pocos que aparecen de vez en cuando con la cola aún completa.Creía que al salir del sistema solar podría huir del tráfico de los cosmocamiones y de los retratos familiares firmados con espeluznantes versos, ¡pero cuál!


El profesor Bruckee, del observatorio, hace poco se quejaba conmigo sobre el debilitamiento de la luz que emanan las dos estrellas de Centauro. ¡¿Y cómo su luz no ha de atenuarse si toda la zona está repleta de basura?! Alrededor del pesado planeta Sirio, atracción de ese sistema, se creó un anillo similar a los de Saturno, pero hecho de botellas de cerveza o de limonada. Cualquier cosmonauta que tome este rumbo deberá rebasar no sólo las nubes de meteoritos sino también latas, cáscaras de huevo y periódicos viejos. Inclusive hay en el camino varias zonas en las cuales resulta imposible ver las estrellas. Los astrofísicos, desde hace años, se rompen la cabeza por descubrir la causa del aumento del polvo cósmico en diferentes galaxias; pienso que el motivo es muy simple: mientras mayor grado de civilización habite la galaxia, mayor grado de basura habrá. De ahí todo ese polvo y desechos. El problema no concierne tanto a los astrofísicos sino a los barrenderos. Y aunque en otras nebulosas tampoco hayan podido resolverlo, en verdad no es ningún consuelo.


Otro juego también digno de condenar es escupir al vacío, ya que la saliva, como cualquier líquido en general, se congela a bajas temperaturas y un choque contra ella puede conducir fácilmente a una verdadera catástrofe. Es embarazoso mencionarlo, pero las personas que suelen enfermar durante el viaje utilizan el Cosmos como una especie de escupidera, como si no supieran que las huellas de su malestar rondarán durante miles de años alrededor de las órbitas, despertando en los turistas asociaciones desagradables y un lógico rechazo.


Un problema aparte es el alcoholismo. Pasando Sirio empecé a contar los enormes letreros que anuncian la "Amarga de Marte", "La Galáctica", "La Extralunar" o "Sputnik Wyborowa"; al poco tiempo desistí, ya que perdí la cuenta. De los pilotos he escuchado que algunos cosmódromos se vieron en la penosa necesidad de cambiar su combustible a base de alcohol por uno de ácido acético, porque frecuentemente sucedía que no había con qué despegar. La policía espacial repite que es difícil reconocer de lejos a un borracho en el espacio; todos justifican su tambaleante caminar con la falta de gravedad. Sin embargo, esto no cambia el hecho de que las prácticas de algunas estaciones de servicio piden la venganza de los cielos. A mí mismo me sucedió: pedí que me llenaran el tanque de reserva de oxígeno y, después de alejarme un poco, oí una serie de gorgoteos que provenían de él. Al instante me di cuenta de que fue llenado ¡con jerez! Cuando regresé para quejarme, el gerente de la estación insistió en que al momento de solicitarle el servicio le había guiñado el ojo. Puede ser que lo hiciera porque sufro de una conjuntivitis crónica, pero eso ¿debe justificar este tipo de sucesos?


El desorden que persiste en los principales trayectos es insoportable. La enorme cantidad de accidentes no debe causar asombro, ya que la mayoría de la gente constantemente rebasa los límites de velocidad; sobre todo las mujeres, porque al viajar a velocidad luz detienen el tiempo y por lo mismo no envejecen. Muy a menudo se pueden encontrar también los típicos estorbos, los cosmocamiones, que contaminan con su gasolina obsoleta. Cuando en Palindronia exigí el libro de quejas, se me informó que el día anterior había sido deshecho por un meteorito.


También suceden cosas extrañas con el suministro del oxígeno. A seis años luz antes de Beluria, uno no puede comprarlo en ninguna parte, y el efecto es que las personas que llegaron hasta ahí con fines turísticos se ven obligadas a refugiarse en los congeladores y esperar en estado de muerte reversible la llegada del siguiente transporte con el aire; sin esta medida simplemente no tendrían qué respirar. Cuando llegué ahí, en el cosmódromo no había un alma; todos hibernaban en los refrigeradores, pero eso sí, en el bar encontré desde piñas en coñac hasta cerveza Pilzner.Las condiciones sanitarias, sobre todo en los planetas pertenecientes a la Gran Reserva Ecológica, piden justicia divina. En Voz de Mersyturiia leí un artículo cuyo autor exige la total extinción de los maravillosos animales llamados Acechador Enguillidor. Estos depredadores poseen en su labio superior una serie de verrugas luminosas que pueden formar varios diseños. Es cierto que en la última década surgió la especie cuyas verrugas se agrupan formando las letras wc. Los Acechadores escogen los alrededores de campamentos, donde en la noche, en la oscuridad, esperan con las fauces muy abiertas al turista necesitado de un lugar íntimo. ¿El autor del artículo no comprende que los Acechadores son totalmente inocentes y en vez de a ellos habrá que demandar a los responsables por la falta de instalaciones sanitarias adecuadas?En la misma Mersyturiia, la carencia de comodidades comunitarias ha causado una serie de mutaciones genéticas de varios insectos.


En los sitios renombrados por sus bellos paisajes, a menudo se pueden ver confortables sillones, hechos de mimbre, que parecen invitar al cansado caminante. Si el viajero se desliza sin pensarlo entre los cómodos descansabrazos, de inmediato éstos se lanzarán encima de él, y así el sillón resulta ser en realidad un millón de hormigas pintas (Hormiga-silla Martirizanalgas, en latín: Multipodium Pseudostellatum Trylopii), las cuales, al colocarse una encima de otra, simulan el tejido del mimbre. Me han llegado rumores de que hay otras especies (Alga Fofa, Moczyscier Przeprzasny y Vago Brutalito) que imitan fuentes de sodas, hamacas y hasta regaderas con toallas. Pero no puedo dar crédito a esas palabras ya que, por mi parte, no he visto nada similar y los expertos en la materia permanecen mudos al respecto. Sin embargo, vale la pena advertir sobre una nueva y poco común especie de serpiente-tripié: Telescopio (Anencephalus Pseudoopticus Tripedius Klaczkinensis). Telescopio se coloca en lugares panorámicos, abriendo sus tres largas y delgadas patas de tal manera que formen un triángulo. Con la parte más ancha de su cola apunta al paisaje y con la saliva que rellena su apertura bucal imita una lente, tentando a los curiosos a asomarse; para un incauto el encuentro tiene un final muy desagradable. Otra serpiente, pero del planeta Gaurymachia, Pérfida Embustera (Serpens Vitiosus Reichenmantlii), acecha en los arbustos y extiende su cola para que el distraído transeúnte se tropiece y caiga al suelo. Pero, en primera, este reptil se alimenta exclusivamente de rubias, y en segunda, no imita nada.


El Espacio no es un jardín de niños, ni tampoco la evolución biológica es un idilio. Hay que repartir folletos similares al que vi en Derdymon, en el cual se advierte a los botánicos amateurs sobre Cruella Maravillosa (Pliximiglaquia Bombardans L.) Ésta florece con espléndidas flores, pero hay que resistirse al deseo de cortarlas porque Cruella vive en una estrecha simbiosis con Trituradora Rocosa, árbol que da frutos del tamaño de una calabaza, pero cornuda. Basta con cortar una sola flor para que en la cabeza del cándido coleccionista de especies vegetales caiga una lluvia de municiones, duras como las piedras. Posteriormente, ni Cruella ni Rocosa le hacen nada malo al difunto, satisfaciéndose con las consecuencias naturales del fallecimiento que proporcionan un estupendo abono para la tierra.


Los especímenes extraños pueden encontrarse en cualquier planeta de la Reservación. Así, las sabanas de Beluria parecen un arco iris por el abundante colorido de las flores. Entre éstas sobresale por su hermosura y aroma Rosa Púrpura (Rosa Mendatrix Tichiana, como quiso nombrarla el profesor Pingle, quien fue el primero en describirla). Esta flor, en realidad, forma parte de la cola del Wedlowiec, un depredador de Beluria.


El hambriento Wedlowiec se esconde entre la maleza desenredando su larga cola de tal manera que sólo la flor sobresale de entre el pasto. El turista, inconsciente del peligro, se acerca para olerla, y entonces el monstruo salta encima de él por atrás. Tiene los colmillos casi tan largos como los de un elefante. Así se cumple la variante cósmica del viejo refrán: ¡no hay rosa sin espinas!


Aunque ahora me voy a desviar un poco del tema, no puedo resistirme al deseo de recordar otra rareza beluriana, que es una lejana familiar de la papa: Amargura Pensante (Gentiana Sapiens Suicidalis Pruck). Sus tubérculos son dulces y muy sabrosos; su nombre proviene de ciertas características espirituales. La Amargura, por mutación, produce a veces, en vez de tubérculos harinosos, pequeños cerebritos. Esta mutación, Amargura Loca (Gentiana Mentecapta), durante su desarrollo empieza a experimentar sensaciones de angustia; ella misma se saca las raíces y huye al bosque donde se entrega a reflexiones solitarias. Muy a menudo llega a la conclusión de que no vale la pena vivir y comete suicidio al captar la amargura de la existencia.


Para el hombre, Amargura es inofensiva, al contrario de otra especie de Beluria: Rabiosa. Gracias a su natural adaptación, se adecuó al ambiente creado por los niños insoportables. Este tipo de niños suele correr sin parar, empujar o patear lo que sea, rompiendo con gran gusto los huevos de Agudo-Aguijón Trasero; Rabiosa produce frutos perfectamente iguales a esos huevos. El infante, al pensar que tiene un huevo frente a él, da rienda suelta a sus impulsos destructivos y lo patea, rompiéndolo; debido a esto, las sustancias aprisionadas en el seudohuevo se liberan y penetran en su organismo. El infante contagiado se transforma en un sujeto aparentemente normal, pero con el tiempo sufre una desviación incurable: adicción al juego de cartas, alcoholismo y libertinaje establecen la siguiente etapa después de la cual sigue el deceso o una gran carrera. A veces me he encontrado con la opinión de que hay que exterminar a la Rabiosa. Quienes lo dicen de seguro no han pesando en que, más bien, hay que educar a los niños para que no pateen cualquier objeto en un planeta extraño.


Mi naturaleza es optimista y trato de mantener, con todas mis fuerzas, la buena opinión sobre el ser humano, pero en verdad no siempre es una tarea fácil. En Protosteneza vive un pequeño pajarito, símil de nuestro papagayo, pero en vez de hablar aquél escribe. Por desgracia, la mayoría de las veces escribe obscenidades sobre las bardas, mismas que le enseñan los turistas terrícolas. Algunas personas lo enfurecen a propósito al señalarle sus errores ortográficos. En ese momento el pajarito comienza a devorar todo lo que encuentra a su paso. La gente pone frente a su pico jengibre, pasas, pimienta y crotoaullador –una especie de hierba que al atardecer emite un prolongado grito, hierba de cocina utilizada a veces en vez del despertador. Cuando el pajarito muere de tanto comer, lo rostizan. Se llama Escribano Remedador (Graphomanus Spasmaticus Essenbachii). Actualmente esta inusual especie se encuentra en peligro de extinción, porque cualquier visitante de Protosteneza se afila los dientes para consumirlo.
Y otra vez, algunas personas consideran que si nosotros comemos a las criaturas de otros planetas, todo está bien, pero si sucede lo contrario todos gritan, piden ayuda, exigen expediciones de castigo, etcétera. Cualquier denuncia que se haga sobre la perfidia y la embustería de la flora y la fauna cósmicas, es un absurdo antropomorfo.


Si el Engañador Farsante, cuya apariencia asemeja un tronco podrido, se coloca sobre sus patas traseras en una posición adecuada para imitar una señal de los caminos montañosos, provocando que los turistas pierdan el rumbo y cuando caen a los precipicios, baja para alimentarse; si como digo, lo hace, es sólo porque la vigilancia no cuida las señales en los caminos de la Reservación; después la pintura se deslava, se pudren y en ese estado, las señales se parecen a aquel animal. Cualquier otro haría lo mismo en su lugar.


Las renombradas fatamorganas de Stredogen existen gracias a los bajos instintos del ser humano. Antes, en este planeta crecían sólo papas y los Calurosos eran difícil de encontrar. Actualmente la multiplicación de estos últimos ha sido exorbitante. Arriba de ellos se extiende el aire, previamente calentado, el cual se dobla produciendo espejismos de bares, que han llevado a la perdición a más de un terrícola. Dicen que toda la culpa es de los Calurosos. ¿Y por qué las fatamorganas producidas por éstos no simulan escuelas, bibliotecas o colegios autodidactas? ¿Por qué siempre muestran lugares de consumo de alcohol? Sin duda, ya que las mutaciones son objetivas, los Calurosos creaban diversos espejismos, pero aquellos que producían instituciones educativas o bibliotecas murieron de hambre. Sobrevivió únicamente la especie bares (Thermomendax Spirituosus Halucinogenes de la familia Antropófagos). El maravilloso fenómeno de adaptación natural que le permite a los Calurosos la rítmica expulsión del aire caliente, del cual surgen los espejismos, es el juicio de nuestros propios vicios. La selección de la especie Calurosos-bares la provocó el mismo hombre o más bien su decepcionante naturaleza.


Me indignó la carta a la redacción de Eco de Stredogen. Un lector de esta revista exigía la total extinción de los Calurosos y también de los encantadores Silenciosos Empapadores, magnificentes árboles que son el adorno de cualquier parque. Cuando se hace una incisión en su corteza, de ésta brota un jugo venenoso y cegador. Silencioso Empapador es el último árbol de Stredogen que no está esculpido de arriba abajo con monogramas o iniciales.. ¿y ahora debemos renunciar a su existencia? Al parecer el mismo fin le espera a otros invaluables ejemplares como Vengador Sincamino, Ahogador Ebulliciente, Rozkes Escondido o Aullador Eléctrico, el cual, para salvarse y proteger a sus crías del estruendoso escándalo producido por radios y grabadoras, creó, gracias a la selección, una especie cuyo sonido tapa las audiciones demasiado escandalosas, sobre todo ¡música jazz! Los órganos eléctricos del Aullador emiten frecuencias en forma súper heterodina, así que esta extraordinaria creación de la naturaleza debería encontrarse, lo más pronto posible, bajo protección.


Por lo que respecta a la Olorosa Repulsiva, concuerdo en que el olor que produce es inigualable. El doctor Hopkins de la Universidad de Milwaukee descubrió que las especies más enérgicas logran crear hasta cinco mil pestes (medida del olor) por segundo. Pero hasta un niño pequeño sabe que las Olorosas se comportan de este modo sólo si son fotografiadas. La vista de una cámara apuntándoles provoca en ellas un reflejo llamado lentebajocola, con el cual la Naturaleza trata de proteger a esas inocentes criaturitas de los insistentes mirones. Es cierto que la Olorosa, siendo un poco miope, a veces confunde la cámara con cigarreras, encendedores, relojes y hasta medallas e insignias, pero en parte esto sucede porque algunos turistas utilizan cámaras miniatura y en tales casos es muy fácil equivocarse. Por lo que respecta a que la Olorosa haya aumentado, en estos últimos años, su alcance y su capacidad a ocho mil megapestes por hectárea, hay que aclarar que fue provocado por el creciente uso de telescopios.


No quiero dar la impresión de que considero a todos los animales y vegetales cósmicos como intocables. De seguro Mordelia Animosa, Tryblas Rompehuesos, Tragador Degustador, Traserita Abridora, Cadavérica Aturdida o Devoralotodo no son particularmente simpáticos. Igualmente todas las hiedras de la familia autárquica a la cual pertenecen Gauleirterium Flagellans, Syphonophiles Pruritualis, es decir Mofador Wyprzasek Brzeszczozgrzebny o Desmadroso Gritador y Arroyita Mimadora (Lingula Stranguloides Erdmenglerbeyera). Pero si reflexionamos y tratamos de ser objetivos, ¿por qué el hombre es quien puede cortar las flores y secarlas, mientras que a la planta que arranca y hace polvo las orejas se le considera como algo antinatura? Si el Repetidor Rebuznante (Echolaliun Impudicum Achwamps) se multiplicó a gran escala en Adeonoksjia, es por culpa del hombre, porque esta especie toma su energía vital de los sonidos; antes, para esto le servían los truenos, y hasta la fecha le gusta oír los sonidos de la tormenta, pero actualmente prefiere tomar su alimento de los turistas que se sienten obligados a gritarle las más vulgares maldiciones. Les hace gracia, dicen, la vista de esta criatura floreciendo bajo una serie de las peores palabrejas. Es verdad que el Repetidor crece rápidamente, pero por las vibraciones del sonido y no por el contenido de esas leperadas que gritan los excitados turistas.


¿A qué conduce todo esto? En la actualidad las especies como Warlaj Azul y Atraviesasentadera Terco están extintas. Día a día desaparecen miles de otras. Gracias a las nubes de basura se acrecientan las manchas en el sol. Aún recuerdo aquellos tiempos en los que el mayor premio para un niño era la promesa de un viaje dominguero a Marte, y ahora el malcriado chiquillo no quiere desayunar si su papá no provoca la explosión de una supernova. Por esos caprichos se desperdicia la energía cósmica, se contaminan los planetas y los meteoros, se saquea el tesoro de la Reservación, dejando a cada paso en los espacios galácticos desperdicios de cáscaras, huesos de fruta, papeles. Destruimos el universo, lo convertimos en un gran basurero. Hoy es tiempo de entrar en razón y empezar a respetar las reglas. Así, considerando que cualquier demora puede ser fatal, hago un llamado para salvar al espacio.


Traducción de Agnieszka Kawecka

miércoles, julio 15, 2009


El libro de poemas“PORNOSTARS Y UN BUEY SOLO”de Lord Cheselin

Editorial Hemisferio Derecho


se consiguen en:

Librería El Hablador Av. Cabildo 2280, local 7Ciudad Autonoma de Buenos Aires
Vivaldi (franklin 56, Facultad de sociales planta baja,),
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Rayo rojo (santa fe 1670 local 22, Galería Bond Street)
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Gambito de alfil ( Puán y bonifacio),
Eterna cadencia (Honduras 5574 palermo),
Espacio Lacandona (Castillo 460, villa crespo),
El gato escaldado (Independencia 3548, boedo),
Librería El Hablador (Av. Cabildo 2280, local 7)

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martes, junio 30, 2009

John Berger - Cine y la pintura


Según Berger hay una evidente diferencia entre el cine y la pintura. La imagen del cine es móvil mientras que la imagen pintada es estática.


“La imagen pintada transforma lo ausente –porque sucedió lejos o hace mucho tiempo- en presente. La imagen pintada trae aquello que describe el aquí y ahora. Colecciona el mundo y lo trae a casa.” Por ejemplo, “Turner cruza los Alpes y trae consigo una imagen de la imponencia de la naturaleza”. La pintura colecciona el mundo y lo trae a casa y sólo puede hacerlo porque sus imágenes son estáticas e inmutables.


En el cine, en cambio, las imágenes están en movimiento. El cine “nos transporta desde el lugar en que estamos hasta la escena de la acción.(...) La pintura nos trae a casa. El cine nos lleva a otra parte”.


Y si comparamos el cine con el teatro, aunque ambas son artes dramáticas, “el teatro instala a los actores frente a un público ante el que cada noche durante toda la temporada vuelven a representar el mismo drama. En la naturaleza profunda del teatro hay algo de retorno ritual”.


Según Berger, no hay film que no participe de la condición onírica. “Y los grandes films son sueños que producen una revelación”. En ese sentido el contraste con la televisión es revelador. “La televisión apunta a un público que está en casa. Todos sus series y sus teleteatros se basan en la idea de un hogar desde el hogar. En el cine, en cambio, somos viajeros. Los protagonistas nos resultan extraños.” Berger subraya que esto cuesta creerlo ya que en general vemos a los personajes de cine en momentos muy íntimos, pero sin embargo, “no conocemos a ninguno de los personajes de un film, tal como conocemos a, digamos, Julien Sorel o Macbeth, Natasha Rostova o Tristam Shandy. Es imposible conocerlos porque el método narrativo del cine sólo permite que nos encontremos con ellos, sin convivir con ellos. El encuentro se produce en un cielo en el que nadie puede permanecer”.


“Cuando leemos una novela, a menudo nos identificamos con un determinado personaje. En poesía nos identificamos con el lenguaje mismo. El cine produce otros efectos. Su alquimia es tal que son los personajes los que se acercan hasta identificarse con nosotros. Sólo el cine puede obrar de esa manera”. Berger cita el ejemplo de Umberto D, de Vittorio De Sica: “Umberto D llega a morar en nosotros porque el film nos trae a la mente toda la realidad que potencialmente compartimos con él, y porque descarta la realidad que lo separa de nosotros y que lo ha hecho un hombre distinto y solo. El film muestra lo que le sucedió a ese viejo en la vida y, al mostrarlo, se opone a ello. Por eso un film -cuando alcanza la estatura de arte- se convierte en una plegaria humana. Una súplica y a la vez un intento de redención”.


Citas extraídas del libro “Cada vez que decimos adiós”, de John Berger. pp. 24-34.


lunes, mayo 11, 2009


Al leer a Ricardo Piglia o a Roberto Bolaño, parece que formaran parte de una galaxia totalmente ajena a aquella que propició las obras de autores como Vargas Llosa, Fuentes, García Márquez o Donoso. Los hemos reunido (virtualmente) para que conversen entre ellos. Bolaño desde Cataluña, Piglia desde California: el hilo conductor es el correo electrónico, y las cuestiones de las que hablar, todas las posibles.


Roberto Bolaño. Querido Piglia, ¿te parece bien si empezamos hablando de algo que dices en La novela polaca? "¿Cómo hacer callar a los epígonos? (Para escapar a veces es preciso cambiar de lengua)". Tengo la impresión de que en los últimos veinte años, desde mediados de los setenta hasta principios de los noventa y por supuesto durante la nefasta década de los ochenta, este deseo es algo presente en algunos escritores latinoamericanos y que expresa básicamente no una ambición literaria sino un estado espiritual de camino clausurado. Hemos llegado al final del camino (en calidad de lectores, y esto es necesario recalcarlo) y ante nosotros (en calidad de escritores) se abre un abismo.


Ricardo Piglia. Cambiar de lengua es siempre una ilusión secreta y, a veces, no es preciso moverse del propio idioma. Intentamos escribir en una lengua privada y tal vez ése es el abismo al que aludes: el borde, el filo, después del cual está el vacío. Me parece que tenemos presente este desafío como un modo de zafarse de la repetición y del estereotipo. Por otro lado, no sé si la situación que describes pertenece exclusivamente a los escritores llamados latinoamericanos. Tal vez en eso estamos más cerca de otras tentativas y de otros estilos no necesariamente latinoamericanos, moviéndonos por otros territorios. Porque lo que suele llamarse latinoamericano se define por una suerte de anti-intelectualismo, que tiende a simplificarlo todo y a lo que muchos de nosotros nos resistimos. He visto esa resistencia con toda claridad en tus libros, y también en los de otros como DeLillo o Magris, que escriben en otras lenguas. Me parece que se están formando nuevas constelaciones y que son esas constelaciones lo que vemos desde nuestro laboratorio cuando enfocamos el telescopio hacia la noche estrellada. Entonces, ¿seguimos siendo latinoamericanos? ¿Cómo ves ese asunto?


R. B. Sí, para nuestra desgracia, creo que seguimos siendo latinoamericanos. Es probable, y esto lo digo con tristeza, que el asumirse como latinoamericano obedezca a las mismas leyes que en la época de las guerras de independencia. Por un lado es una opción claramente política y por el otro, una opción claramente económica.


R. P. Estoy de acuerdo en que definirse como latinoamericano (y lo hacemos pocas veces, ¿no es verdad?; más bien estamos ahí) supone antes que nada una decisión política, una aspiración de unidad que se ha tramado con la historia y todos vivimos y también luchamos en esa tradición. Pero a la vez nosotros (y este plural es bien singular) tendemos, creo, a borrar las huellas y a no estar fijos en ningún lugar. En estos días, estoy viviendo en California, en Davis, cerca de San Francisco, donde todo se entrevera, como sabes bien: los recuerdos del viaje al Oeste de la beat generation, con las novelas de Hammett, y los barrios paranoicos que describió Philip Dick conviven con la intriga de la cultura latina (en cada rincón de La Misión en San Francisco, en el Barrio invadido hoy por los jóvenes millonarios del Sillicon Valley, hay una figura o una imagen, un mural, una taquería, una bodeguita que tiene más color local que todo el color local que pudo imaginar Lowry, borracho, al pasear por Cuernavaca). De modo que aquí por contraste me siento un escritor digamos italo-argentino (un falso europeo, otro europeo exiliado). No creo que existan esas categorías en las historias de la literatura (están los italo-americanos, claro, pero se dedican al cine). Para mejor, estoy leyendo a W. H. Hudson (Días de ocio en la Patagonia), otro falso argentino, un europeo que nació en Quilmes, en la provincia de Buenos Aires, y se crió entre gauchos hablando de lo que fue seguramente una versión prehistórica del spanglish. Y que a la vez escribía, ya lo sabemos, una de las mejores prosas inglesas que se puedan encontrar. Mejor que Conrad, a veces, menos barroco, más nítido, una extraña versión de Conrad, no sólo por la calidad de su prosa, y porque eran amigos, sino porque Hudson estuvo siempre desajustado y solo y fuera de lugar, como el polaco. Pero me estoy extendiendo. Me gustaría saber qué estás leyendo en estos días.


R. B. La última novela de Mendoza, La aventura del tocador de señoras, que me parece una novela muy buena. Pero permíteme que añada algo en relación a Hudson, un autor que leí muy joven. Yo creía entonces que Guillermo Hudson escribía en español y después de leer tres libros suyos me di cuenta de que escribía en inglés porque vi el nombre del traductor. No conozco bien la literatura argentina de finales del siglo XIX, pero tengo la impresión de que Hudson es uno de sus grandes prosistas. Algo similar ocurre poco después en Chile, con los primeros libros de Huidobro, que están escritos en francés. O con Rodolfo Wilcock, que acaba escribiendo en italiano. Hay como una especie de reflujo o de huida en algunos escritores, que los lleva a buscar, a instalarse o a indagar en una lengua menos adversa. Claro, éste no es el caso de Hudson. ¿Tú has leído a Mendoza?


R. P. Me gustan mucho los libros de Mendoza, aunque no he leído la novela que estás leyendo. Es intrigante, es cierto, ese juego con las lenguas extranjeras y con las traducciones. Para mí, Hudson y Gombrowicz producen efectos raros en la literatura argentina porque hacen entrar una voz próxima, un fantasma familiar, que se mueve invisible en un terreno conocido. Hay una tensión entre lo que se lee en la lengua propia y lo que se lee fuera de la lengua materna. Y los traductores están en esa frontera. Me interesa mucho la vida de los traductores, son un molde extraño de escritor. Ligado a Hudson, estoy leyendo ahora una biografía de Constance Garnett, una mujer fantástica que se pasó la vida traduciendo a los rusos al inglés. Imagínate que tradujo todo Tolstói y todo Dostoievski y terminó, por supuesto, medio ciega, una viejita feminista, muy simpática. Casi todos los norteamericanos y los ingleses, de Hemingway a Forster, admiraban a Tolstói por medio de ella, aunque Nabokov la destestaba, claro que Nabokov detestaba a todo el mundo.


R. B. Estoy completamente de acuerdo contigo en la importancia de los traductores. Lo que dices de Constance Garnett me recuerda de alguna manera a Consuelo Berges, que tradujo todo Stendhal al español y que se convirtió seguramente en la principal autoridad sobre Stendhal que existe en nuestra lengua. Sus traducciones son extraordinarias. También pienso en Javier Marías, que no es una viejita devota de un autor concreto, pero que tiene una traducción de Tristram Shandy, de Sterne, ejemplar. Pienso que tal vez personas tan disímiles como Garnett, Berges o Marías deshacen en el aire el problema que planteaba Pound, que sólo un gran autor puede traducir a otro. En este caso, sólo Marías es un gran autor; Berges y Garnett, desde la óptica tradicional, no lo son, aunque también puede ser posible, y yo me inclino por esta solución imaginaria, que tanto la viejita inglesa como la viejita española sean, y no en el fondo sino delante de nuestras narices, grandes autoras invisibles.


R. P. Tendríamos que hacer alguna vez una Enciclopedia Biográfica de Traductores Inmortales (e invisibles), ¿no sería sensacional? La inversa de la Enciclopedia de Tlön, algo más bien cercano a Manganelli o a las biografías imaginarias de Marcel Schwob, pero detalladas y reales, una lista de oscuros personajes extraordinarios, escritores asalariados que escriben a tantos centavos por palabra, los únicos verdaderos profesionales de la literatura, los nuevos folletinistas, que viven dedicados a la literatura, pero como escritores clandestinos, mal vistos y mal pagados, los verdaderos malditos, siempre postergados, siempre ausentes, y que por eso mismo serán quizá los grandes creadores del futuro. Serían pequeñas historias extraordinarias. Cortázar, que traduce todo Poe en una pequeña pieza de un pequeño hotel en Roma; el gran Sergio Pitol, al que durante años admirábamos sólo porque había traducido a Gombrowicz; el extraordinario trabajo de Nicanor Parra, con el Lear de Shakespeare; Aurora Bernárdez, traduciendo Pale Fire. Tendríamos que conseguir un mecenas y dedicarnos a preparar esa enciclopedia infinita. Estoy seguro de que nos haría inmortales, y sería no sólo un acto de justicia sino una revelación y una versión cómica de la por sí cómica historia de la literatura. Hay mil ejemplos. Pienso por ejemplo en el general Bartolomé Mitre, que libró batallas múltiples y fue luego presidente de la República a mediados del siglo XIX y que se dedico a traducir La Divina Comedia. R. B. La Divina Comedia, ni más ni menos. Bueno, no se puede decir que no fuera pertinente. Y sobre lo que dices de Sergio Pitol, estoy totalmente de acuerdo. El primer libro de Pitol que cayó en mis manos fue una traducción suya de un escritor polaco hoy bastante olvidado, Jerzy Andrzejewski. El libro se llamaba Las puertas del paraíso y su argumento era el mismo que ya había tratado Marcel Schwob en La cruzada de los niños . Otro dato curioso: en mi ejemplar de La cruzada de los niños, el traductor dedica su versión de la obra a Julio Torri, que es un escritor mexicano rarísimo (o normalísimo, depende desde dónde se le mire) y que fue un hombre de una modestia yo diría que patológica y un gran escritor de textos breves. De alguna manera, Torri fue como el reverso de Alfonso Reyes, la brevedad ante la multiplicidad. Pero dejemos la literatura mexicana. A mí me interesa muchísimo la visión que tienes de la literatura contemporánea argentina, con esos cuatro puntos de referencia que son Macedonio Fernández, Borges, Arlt y Gombrowicz.


R. P. Macedonio es un escritor excepcional, una especie de Marcel Duchamp de la literatura. Practica un arte puramente conceptual, interesado más en el proyecto que en la obra misma. En realidad, la obra no es otra cosa que el proyecto. Trabajó toda la vida en una novela que sólo era la idea de una novela que nunca se empezaba a contar y que estaba hecha básicamente de prólogos y de anuncios. Borges aprendió todo de él, sobre todo, la inutilidad de desarrollar un argumento que se puede resumir y contar como si ya estuviera escrito. Pensaba en Macedonio el otro día cuando leí que Eric Satie no abría nunca las cartas que recibía, pero las contestaba todas. Miraba quién era el remitente y le escribía una respuesta. Encontraron las cartas cerradas en un altillo y las publicaron junto con las respuestas de Satie. La correspondencia es fantástica porque todos hablan de cosas distintas y ésa, por supuesto, es la esencia del diálogo.


R. B. Yo creo que las cartas de Satie muestran una cierta deferencia para con el interlocutor, es decir, no deja cartas sin contestar, pero el conjunto de la correspondencia más bien es una aceptación, razonable, eso sí, de la imposibilidad del diálogo, aunque también caben otras explicaciones, la más obvia sería la desconfianza de Satie en la palabra escrita, que me parece improbable pues Satie es uno de los músicos que más ha escrito. También existe la posibilidad de que Satie, conociendo a sus amigos, no considerara necesario abrir sus cartas, o lo considerara redundante. Es curioso, pero podemos encontrar más de una semejanza entre Macedonio y Satie, pero ninguna entre Borges y Satie. Y yo creo que esto se debe a que Borges no lo aprende todo de Macedonio , sino también, una parte importante, de Alfonso Reyes, quien lo cura para siempre de cualquier veleidad vanguardista. Macedonio es el riesgo, la audacia, el vanguardismo y el criollismo juntos, pero Alfonso Reyes es el escritor, la biblioteca, y el peso que tiene sobre Borges es importantísimo, tanto en el desarrollo de su poesía como en su prosa. Digamos que Reyes proporciona el elemento clásico a Borges, la mesura apolínea, y eso de alguna manera lo salva, lo hace más Borges.


R. P. Alguno de nosotros pensamos que quizá el siglo próximo será macedoniano, y que Borges estará ahí con el bello texto necrológico que leyó en la Recoleta, en medio de la tristeza general (lloviznaba en Buenos Aires), cuando hizo reír a los deudos con un chiste de Macedocio dicho en el entierro ("los gauchos fueron inventados para entretener a los caballos en las estancias"). Reyes era un caballero, leo siempre que puedo El deslinde . En cuanto al efecto Satie-Duchamp, creo que Borges es vanguardista como lector mientras que como escritor quiere ser clásico. En cuanto a la cortesía de Satie con sus amigos, es verdad que a los amigos se les contesta siempre y nunca importa lo que uno les diga en las cartas.


R. B. Sí, a un amigo se le contesta siempre, algo que a veces puede resultar terrible. Michel Tournier, en El espejo de las ideas, opone a la amistad el concepto del amor, y viene a decir algo como que todo lo que no toleraríamos jamás a un amigo, un acto de vileza, por ejemplo, lo toleramos y lo aceptamos en el amor, pues el amor, en ocasiones, y al contrario que la amistad, también se alimenta de la vileza, de la cobardía, de la bajeza. El amor, y la historia está llena de ejemplos que lo certifican, puede ser coprófago, algo que jamás es la amistad. Bueno, todo esto es relativo, por supuesto. William Burroughs zanja la cuestión a su manera, cuando afirma que el amor es una mezcla de sentimentalismo y sexo. Recuerdo que cuando leí esta declaración de Burroughs, a los veintipocos años, me sentí muy apesadumbrado.


R. P. Los amigos son lo mejor de la poesía,decía siempre un poeta argentino, Francisco Urondo, que murió asesinado por la dictadura militar. Las amistades literarias tienen siempre un aire extraño. La amistad entre Alfonso Reyes y Borges, por ejemplo, o la amistad silenciosa y brevísima entre Beckett y Burroughs, que se encontraron en Suiza y estuvieron una tarde juntos casi sin decir nada, conversando sobre ciertos matices del inglés en Irlanda que intrigaban a Burroughs (Beckett casi no habló, sólo dijo una frase que Burroughs consideró siempre el mayor elogio que había recibido: "Usted es un escritor"). O la amistad de Hannah Arent y Mary McCarthy, fantástica, de la que nos ha quedado la correspondencia. O la amistad de Gombrowicz con el poeta Carlos Mastronardi, que discurría siempre del mismo modo. Mastronardi, que era un hombre muy fino y muy discreto, un gran noctámbulo y un extraordinario poeta que en toda su vida escribió un solo libro , lo esperaba en el Querandi, un café de Buenos Aires, tomando un té, y Gombrowicz llegaba siempre un poco apurado. Mastronardi lo recibía con gentileza y preguntaba "¿cómo está, Gombrowicz?". Y Gombrowicz le decía siempre: "Cálmese, por favor, Mastronardi". Como si Mastronardi se hubiera dejado llevar por una emoción excesiva por el solo hecho de saludarlo gentilmente. "Cálmese, Mastronardi", fue durante años una de las consignas de mi juventud. Por eso, en fin, quiero decirte que esta conversación va a ser el comienzo de una amistad, o la continuación de la amistad que hemos establecido ya con nuestros libros. Pienso ir a Barcelona en las próximas semanas y ojalá podamos vernos y por supuesto siempre puedes venir a visitarme a California.


R. B. Yo también espero que nos podamos ver pronto, aquí o en cualquier parte.


Babelia, 3 de marzo de 2001

martes, mayo 05, 2009

Un marciano en el Rio de la Plata



Jorge Mario Varlotta Levrero (1940-2004) novelista, cuentista y guionista de historietas uruguayo fue entrevistado a comienzos de 1988 por el crítico literario y periodista argentino -residente en Montevideo- Carlos María Domínguez (1955) para la revista "Crisis", en cuyo nº 60 de mayo de 1988 apareció el reportaje


¿Cómo fue su trayectoria? ¿Siempre pensó en ser escritor?


Todo era muy evidente menos para mí hasta el año '66 en que cumplí veintiseis años. Después de una crisis personal muy profunda me fui a un balneario llamado Piriápolis en pleno invierno. Abandoné la librería de usados que tenía en Mon­tevideo y me desligué completamente de lo que había sido ni vida hasta ese momento. Después de unos quince días de total vaga­bundeo comencé a escribir. Primero un poema, luego un relato. Contaba con la protección de un pintor, Tola Invernizzi, que viéndome en crisis, sin preguntarme nada me invitaba a comer a su casa, a participar de la vida familiar y a jugar con sus hijos. El relato trataba de alguien que llegabaa un lugar y se ponía a acomodar cosas, que era lo que me estaba pasando internamente. Este hombre me alentó a continuarlo y al ir paseando por la rambla, por la playa, empecé a mirar hacia adentro y a encontrar pistas de todo un mundo que estaba presente en esas pocas líneas que había iniciado. Entonces me largué a escribir a un ritmo febril. No tenía un lenguaje desarrollado, había palabras que no me venían a la mente, entonces ponía entre paréntesis la descripción del objeto y luego busca­ba en los diccionarios, preguntaba y rellenaba esos agujeros. Todas las noches, cuando iba a ce­nar a la casa de estos amigos, les llevaba lo que había escrito durante el día y así salió "La ciu­dad". Ese fragmento inicial se convirtió en una no­vela que yo no sospechaba que tenía adentro.


El público suele creer que un escritor se dedica a la literatura porque tiene facilidad de palabra, cuando en realidad lo que tiene con la palabra es una lucha, muchas veces tortuosa.


Claro. Incluso hasta ese momento yo habla­ba muy poco. Tenía una represión muy grande. Cuando pude escribir empecé a hablar con más fa­cilidad y a comunicarme. Después de escribir "La ciudad" fue como haber derribado un muro.



Tengo entendido que la escribió en pocos días y la corrigió durante varios años.


No me acuerdo si en ocho o quince días, pero fue la vez que trabajé con más dificultades, con más esfuerzo físico. Trabajaba desde las nue­ve de la mañana hasta las diez de la noche. Estaba muy imbuido del paisaje que me rodeaba en ese momento, Piriápolis, y un pueblito más chico y miserable llamado Pan de Azúcar. Fueron unos meses muy intensos. Después de superada la crisis salí muy fortalecido y con mucho interés en lo que estaba haciendo. Me pasé tres años corrigiendo "La ciudad". En realidad no estaba tan mal escrita como para necesitar un trabajo tan obsesivo de co­rrección, pero me daba miedo dado a conocer y por otra parte estaba fascinado con el mecanismo creativo que acababa de descubrir. Escribí mucho en el' 66, en el '67.


Y a partir de ahí asumió...


No lo asumí.



En aquella época ¿de qué vivía?


Mis medios de vida han sido siempre circunstanciales, poco ortodoxos. Alquilaba un local en el centro de Montevideo, donde tenía una librería de usados, y el departamento que estaba arriba en el mismo edificio. Llevaba una vida muy frugal. Hubo un intento de desalojo y esa fue la clave de que pudiera escribir durante casi veinte años. Al dueño se le antojó tirar abajo el edificio y construir oficinas, entonces quiso desalojar a todo el mundo. Y empezaron a pasar cosas, siempre que venía el desalojo era frenado por algo, falleció la mujer del dueño, fue a sucesión, el alquiler fue quedando muy barato, congelado, hasta convertirse en un suma absolutamente despreciable. Ahora muchos de mis compañeros de trabajo se asombran cuando les digo que es la primera vez tengo una heladera eléctrica. Como entonces tenía tiempo a mi disposición, salía a hacer las compras todos los días. Eso me permitió tener el ocio necesario para poder escribir y hacer todo lo que quería, no sin pasar angustias económicas de vez cuando.



Se acercó al periodismo...


Aisladamente. Hubo épocas en que viví del humor, sobre todo en una revista llamada "Mishiadura", un poco heredera de la vieja revista "Peloduro", que echó las bases de lo que es el humor uruguayo. Claro que en el '69, '70, '71, estábamos en un momento político muy distinto. Colaboraba en otra revista llamada "Maldoror", pero que tiene una periodicidad loca: cada dos, tres años, sale un número. En un concurso de "Marcha" presenté "La ciudad" y obtuve una mención. No llegaron a publicarla porque antes apareció Marcial Souto, que por entonces hacía sus primeras armas en el mundo editorial, con el proyecto de editar la novela en una colección que finalmente tuvo un pésimo destino: fue reducida a pulpa de papel.



¿Cuándo comenzó a interesarte por la parapsicología?


Poco después de empezar a escribir. Me sucedieron cosas muy llamativas, de te­lepatía sobre todo, y luego tuve miles de experien­cias más de distinto calibre. Finalmente recurrí a un médico que me supo explicar todo lo que me ocurría, descartando toda explicación sobrenatu­ral: me hizo leer libros, y eso me ayudó a que la fenomenología se fuera reduciendo. Le fui pres­tando menos atención y empecé a vivir un poco más tranquilo. Aquello se transforma fácilmente en un vicio. Uno trata de provocar el fenómeno, y los fenómenos realmente auténticos son espontáneos. Al tratar de provocarlos, uno obtiene unas imitaciones que no son exactamente parapsicológicas. Uno se va volviendo cada vez más histérico y puede enloquecer fácilmente si persiste en esa actitud.



Cuénteme a qué responde el seudónimo: Mario Levrero.


Cuando terminé de escribir "La ciudad" no estaba seguro de que la novela fuera mía. Había nacido de una parte de mí que yo desconocía y no me animaba a firmarla con ni nombre. No era exactamente mía pero tampoco totalmente ajena, así que opté por mi segundo nombre y mi segundo apellido. No es estrictamente un seudónimo. Ade­más, yo no me asumía como escritor, y a veces la literatura se volvía una actividad fastidiosa y se­cundaria que chocaba con mi necesidad de ganar­me la vida, de encauzarla de una manera más pro­vechosa. El seudónimo ayudó a esa especie de ocultamiento.


¿Y por qué toda su obra la firma co­mo Mario Levrero y el folletín "Nick Carter" como Varlotta?


"Nick Carter" apareció como algo distinto. No lo vi en la misma línea que lo demás, no lo asimilaba al resto de la obra de Levrero, y en ese momento me parecía algo inferior. Mientras lo es­cribía pensé que no se lo podía mostrar a nadie. Estaba volcando mucha cosa psicoanalítica perso­nal y fantasías de todo tipo, principalmente eróti­co. Intenté buscar otro seudónimo pero al final aquello fue una decisión de los editores. Me enteré de que estaba como Jorge Varlotta cuando salió el libro.



Interesa lo que dice de su seudónimo porque sus libros parecen escritos desde una conciencia que no discrimina límites entre el mundo interior y el exterior. Este entramado, presente en casi todas sus historias, puede ser leído como referente de la enajenación moderna y de la situación de un individuo que nunca puede instalarse dentro de sí, que nunca es enteramente consciente de la multi­plicidad de cosas que pasan por él, como si estuviera arrojado de sí mismo.


Bueno, en "París" se dice claramente de la preocupación del protagonista por establecer lími­tes entre lo que es el mundo exterior y el interior, sin que pueda conseguirlo. Eso debe tener que ver con mi carácter intro­vertido y con una forma muy especial de percep­ción. En realidad, yo no llego directamente al ob­jeto exterior sino a la sensación que ese objeto me produce. Esto implica pasar por una serie de pro­cesos interiores que desconozco, para rescatar al objeto, para que aflore en la conciencia como una real percepción. Hay una historia preexistente que debo descubrir poniéndome en un estado de comunicación conmigo mismo. Dejar subir lo que hay dentro, percepciones, vivencias, cosas que se fueron, que tal vez no fueron vividas en su momento, ahí sur­gen ya elaboradas por el inconsciente, como en un sueño. Es un mecanismo onírico el que está pro­duciendo las imágenes continuamente. Fluyen las palabras, pero al mismo tiempo hay un control consciente que hace que lo que escribo no suene como el relato de un sueño. Es como si la con­ciencia participara como vigía de un hecho miste­rioso. A veces discuto con entrevistadores allegados a la ciencia ficción y termino defendiéndome co­mo "realista". Mis historias no son fantásticas. Por lo general, en lo que escribo no hay elementos so­brenaturales. Pasan cosas raras, muy poco fre­cuentes, o hay elementos no reconocibles como objetos de la realidad, pero sí son reales los mecanismos psicológicos, la simbología que está ex­presando un mundo espiritual, absolutamente real.



Todo esto está vinculado al modo en que introduce el erotismo en la trama dra­mática de sus relatos. Enteramente libre del peso de la moralidad y aun de la necesidad de transgredir la moralidad, el erotismo en su obra forma parte de la estructura dramática central.


Probablemente porque sea el eje central de mi vida, el interés vital más importante.



Hábleme de eso. ¿Por qué?


Me cuesta mucho separar lo que sería el im­pulso religioso, metafísico, del impulso erótico. Parten de un mismo centro y justamente son mis dos preocupaciones e intereses constantes. A tra­vés de las experiencias parapsicológicas, las más auténticas, y a través del erotismo y del sexo, he tenido esa percepción de una mayor dimensión del ser, y es lo que necesito casi como el oxígeno. Ne­cesito aunque sea fugazmente esa trascendencia, ese sentirse más de lo que uno se percibe habitualmente, más de lo que uno se permite o de lo que nos permiten ser.
Esta idea del erotismo aparece en su obra signada por un misticismo primitivo: or­gía, fusión con el otro, anulación de las dife­rencias, canibalización, elementos que están en el origen del principio religioso. La bús­queda de satisfacción del deseo sexual no re­sulta distinta de la lucha por la comunica­ción, otra constante en sus libros, y sobre to­do en la trilogía que integran "La ciudad", "El lu­gar" y "París". Ambas búsquedas parecen intentar el acceso a una experiencia de plenitud y de comunicación con todo.
Más que la búsqueda de satisfacción, yo di­ría que el deseo es un puente, un tentáculo dirigi­do no exactamente hacia el otro sino hacia lo más esencial del otro. Por eso hablo del erotismo como de una experiencia trascendente. Para mí no es tanto una cuestión de carne sino de espíritu. A través de los mecanismos eróticos encuentro la posi­bilidad de llegar al alma de la otra persona, un si­tio al que se llega también a través del arte. Siem­pre lo sentí y viví así. La comunicación y el sexo como una misma cosa. Por eso protesto cuando hablan de pornografía en mis libros. Yo detesto la pornografía.


Cuénteme cómo trabaja, cómo se plan­tea el trabajo literario.


Para poder trabajar, para mí es indispensa­ble el ocio, y cada vez me resulta más difícil conseguirlo. Nunca tengo un plan previo sino que las imágenes se me imponen con una continuidad ob­sesionante y tengo que desarrollarlas para averi­guar de qué se trata. Claro, luego siempre surgen complicaciones. En los últimos años me pasó con "Desplazamientos". La escribí de un tirón, linealmente, por entonces las repeticiones de escenas no existían. Le faltaba peso, no me convencía. El pri­mer título provisorio era "La sombra". Luego se me ocurrió "Desplazamientos", pero se trataba de los desplazamientos físicos. Estaba terminada y me sentía frustrado. Estuve a punto de destruirla. Dejé pasar un tiempo, la volví a leer, y me di cuenta de que cuando llegaba a un nudo, al pasaje de una secuencia a otra, el protagonista podía ha­ber elegido otra alternativa equivalente. Un poco por pereza, por necesidad de seguir trabajando, había elegido una, pero no era necesariamente la más correcta. Ninguna se imponía claramente so­bre las otras. Entonces se me ocurrió escribirlas todas, con la idea de ponerlas al final, como un apéndice de la novela. Luego se me ocurrió interca­larlas y vi que funcionaba. La estructura de "Des­plazamientos" fue absolutamente obligada por una necesidad de verdad, de realidad.
Sus personajes, siempre traspasados por una realidad que se les impone, parecen inocentes sólo en la primera aproximación.
Cantidad de cosas que quedan marginadas de la conciencia están sin embargo ahí, a su alcance. La conciencia tiene pereza de tomarlas, de asu­mirlas, como si prefiriera no verlas. Es en esa estrechez donde tal vez parezcan inocentes los per­sonajes. En realidad no lo son. No se esfuerzan por hacerse cargo de las situaciones. Eso a mí me pasa continuamente, al punto de que hace un par de meses descubrí que estaba enamorado de una mujer a través de un sueño. Me lo impuso el in­consciente. Era un sueño tan claro que tuve que rendirme a la evidencia y empezar a examinar mis sentimientos.



Su palabra siempre se presenta, en primera instancia, al servicio de la imagen.


Y atrás de la imagen todavía está otra cosa: el clima, que me parece lo fundamental. Porque la imagen puede ser otra, igual que la palabra, pero lo que yo trato de reproducir es el clima de lo que estoy viviendo en ese momento.
Y eso tiene que ver con la virtual de­sorganización argumental de algunos de sus relatos, que aparecen potenciados metafóri­camente con otros recursos, brindando igual­mente una sensación de completud.
Contradiciendo lo que alguna vez afirmó Angel Rama -que decía que lo que yo escribía era caprichoso, que terminaba mis cuentos cuando se me ocurría-, siempre llega un momento en que el punto final se me impone y ya no puedo agregar ni una palabra más. Hay una estructura que tal vez Rama no supo descubrir, que a mí me parece que está dando cuenta de un hecho completo, al que no le sobra ni le falta nada. No lo puedo explicar, pero estoy convencido de que no existe ningún ca­pricho en la ficción.



Las influencias más decisivas provie­nen de la vida misma, pero también alguna que otra de la lectura. Se lo vincula con Kafka, Carroll, Felisberto Hernández


Lo de Carroll y Kafka es rigurosamente cierto. Este último fue el disparador. Leía "El castillo" mientras escribía "La ciudad", y "América", sobre todo, me abrió la visión de un mundo que yo me prohibía a mí mismo. Las cosas no eran como nos las habían enseñado, la realidad no coincide con los elementos que uno tiene para percibirla. El mundo es más complejo, más terrible y carga suti­les complicaciones, tantas como no habíamos imaginado. El me dio permiso para exteriorizar ese sufrimiento, para poder expresarlo. Luego me fui apartando de sus cosas y desarrollé un camino personal. En cuanto a Felisberto Hernández, con­fieso que recién lo comencé a leer cuando me vin­culaban con él, y por cierto que me pareció admi­rable. Coincido en eso de las influencias literarias. Me resulta muy irritante y ajeno a la realidad ver cómo los críticos se esfuerzan por establecer un mapa con alfileres, donde cada escritor aparece pinchado en determinado lugar en relación con otros escritores, como si un fabricante de queso tuviera que comer queso y ninguna otra cosa. Hay una influencia de ciertos escritores, pero también de la música, la pintura, la luna, el mar, las muje­res.



¿Qué le importa en la literatura?


El resultado. El resultado es lo único que importa. La intención es siempre egoísta. Yo trato de librarme de un problema, escribiendo. Pero si en alguna medida, lo que escribo puede ayudar a alguien como me ayudó a mí Kafka, por ejemplo, creo que mi vida está más que justificada.

miércoles, abril 29, 2009

Una rosa roja para Don Liborio, la alegria del hogar.


“El sometimiento del vigoroso Justo narrador, al Justo político, fue un compromiso de hierro que privó a la literatura argentina de su propio Conrad”.
Rogelio García Lupo


En 1936 el presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt de visita en nuestro país, fue sorprendido en el Congreso Nacional, por exclamaciones de “Muerte al imperialismo” y "Abajo el imperialismo yanqui" El griton era nada menos que Liborio Agustín Justo (1902-2003), el hijo del presidente, el General Agustín P. Justo, que en ese momento le estaba dando al mandatario yanqui un fuerte y cincero, apreton de manos.

Don Liborio era escritor, historiador y fotografo y todo lo hizo cual semi-dios.

Movedizo: dejo medicina en tercer año,
viajo por Europa y America, en 1930 gano una beca de 8.000 U$A del Instituto de Educacion de Nueva York lo cual no lo freno para que en un acto en la Universidad de Williamstown denunciara la politica agresiva delos Estados Unidos en el Caribe, se ofreció como voluntario para trabajar de obrero en la URSS, fue marinero en balleneros finlandeses,
vivió ocho años como ermitaño en las islas del Ibicuy, Entre Rios, experiencia esta volcada en su “Rio abajo”, donde tambien estubo desarrollando actividad ermitaña en misma epoca Raul Scalabrini Ortiz.

Entre 1926 y 1934 realiza distintos viajes a Nueva York, antes, durante y después de la crisis mundial del ‘29. Donde se luce como fotografo. Sus fotos se exhiben hoy en el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco (Suipacha 1422).

De un reportaje en la Revista “Asi”:
“A Quiroga le había escrito en 1927, señalándome mi deseo de conocerlo. Para mi era un escritor admirable por su estilo, por los ámbitos que había sabido describir y revelar. En un artículo dejé puntualizada esa admiración. De ahí que encontrándome en Misiones, y ante una respuesta muy amable de él, decidí visitarlo en su refugio de San Ignacio. Permanecí con él sólo cuatro días. Lo encontré insoportable. Carecía de la personalidad que yo le había adjudicado. De regreso a Posadas, le mandé un telegrama en donde le decía: “espero que en otra oportunidad tendremos más suerte que la que hemos tenido, yo en mi admiración hacia usted y usted en actitud de merecerla”

“Quebracho” fue su seudónimo militante. Estubo en el Partido Comunista, con el cual rompe mediante una "Carta Abierta" publicada en noviembre de 1936 por Claridad, luego edita un Boletín de Información que hacía campaña por la unificación de los partidarios de la IV Internacional en la Argentina (cosa bien trozca, vivir rompiedo partidos y llamando a la unidad) organiza una primera conferencia y un primer reagrupamiento el 7 de noviembre de 1937. Fundó la Liga Obrera Revolucionaria y editó la revista Estrategia Revolucionaria. Y de alli salieron todas las ramas del los actuales partidos trosquiatas. Aunque con el pasar del tiempo acusa a León Trotsky de ser agente de Wall Street, por su defensa de la nacionalización del petróleo mexicano en tiempos de Cardenas. Relatado en “León Trotsky y Wall Street”.

En la literatura con el seudónimo de “Lobodón Garra” escribio “Masas y Balas” sobre la Semana Tragica, “La tierra maldita” (1932) narraciones de la Patagonia. Entre otras obras, que algun buen dia se reeditaran.

Creia en la revolución socialista en Sudamérica a partir de la unidad del proletariado argentino y brasilero. Y eso daria nacimiento a una patria grande cuyo nombre ya tenia inventado: Andesia.

El año 1973 renunció como miembro de la Sociedad Argentina de Escritores, acusándola de ser “un depósito de cadáveres que aún respiran”.
En 1975, a raíz de un comentario sobre una de sus obras aparecido en “La Nación”, comunicó al encargado del suplemento literario del diario: “Los libros que yo escribo están más allá del alcance de los críticos que escriben en la página que usted dirige; en consecuencia, le hago saber que me sentiría muy feliz si en adelante no se ocupará más de mí, ni de mis obras”.
En 1998 publica un libro de critica literaria, de lo mas acido: “Cien años de letras argentinas” donde criticaba duramente a Lugones, Sabato, Cortazar, David Viñas y rescata a Horacio Quiroga y Roberto Arlt.

El dia que cumplio 100 años auguro, el fin del capitalismo y declaro que el imperialismo yanqui no tendria salida tras el ataque a las Torres Gemelas.

Fallecío en el 2003, en su departamento de la calle Moldes, a los 101 años.

martes, abril 28, 2009

El hombre de Autin


DANIEL JOHNSTON (1961)Músico y pintor, nacido en Sacramento, California, hijo de cristianos fundamentalistas. Diagnosticado de una grave enfermedad mental, su primer internamiento se dio la misma noche en que la MTV le dedicara un programa. Ha grabado 26 álbumes, cientos de canciones en casete, y posee miles de dibujos en libretas en los que representa a sus héroes: Capitán América y The Beatles.Se dio a conocer en la época en que regalaba sus grabaciones en casete en las calles de Austin (Texas, Estados Unidos). La fama le sobrevino cuando, en 1992, el fallecido cantante de Nirvana, Kurt Cobain, salió en la televisión con una camiseta de Daniel Johnston. En estos últimos años sus biógrafos lo ubican en Houston, en el garaje de la casa de sus padres, rodeado de montañas de cómics, donde, según afirma, se pasa el día componiendo canciones y fumando cigarrillos. Creo que hay una pelicula que pasan en cable por ISAT centrada en su presunto pacto con el demonio, no la vi, pero debe estar un kilo y dos pancitos.En 2006 fue incluido en la Bienal del Whitney Museum of American Art.

lunes, abril 27, 2009

David Nebreda. (1952)


Con una técnica fotográfica impecable, donde el tratamiento de las formas y de la luz resaltan por su originalidad, sus autorretratos son casi lo único que conocemos de él. Su obra consiste en series y series de autorretratos . Pinta con su propia sangre, y utiliza sus propios excrementos. Una de sus obras más conocidas es la de su rostro cubierto por excrementos, que acumuló durante tiempo en su nevera con ese fin.Diagnosticado de esquizofrenia, hace años que ha renunciado a cualquier medicación, lleva una vida absolutamente aislada, no sale de su casa de dos habitaciones, no ve la televisión ni lee periódicos, no mantiene contacto social con absolutamente nadie. La exposición individual que se le dedicó en París en 2000 lo dio a conocer al mundo.

viernes, abril 24, 2009

Enrique Badessich: Tú que llenas todo de alegria y juventud




Enrique Badessich siempre fue inquieto (es decir no puede estarse quieto y pone nerviosas a la gente quieta). Su primer laburo fue en la Compañía de Telegrafistas y se decía que invento algunos instrumentos de guerra. La gente del palo, sospecha que el principal invento fue fumarlos en pipa a los milicos. Sus conocimientos en telegrafía le permitieron conocer desde Formosa hasta las Islas Orcadas del Sur. En estos viajes dejo un tendal de corazones rotos, que luego describió en textos como “Las Pretensiones Amorosas” y “El Ósculo del Crepúsculo” que se pueden ubicar en la batea de literatura erótica y la gente como uno nombra de vanguardia, donde deja en claro su homosexualidad, por lo cual, cuando la gilada nombre la palabra “decoro”, durante el transcurrir de esta pequeña historia, sabremos que pertenecen a ese grupo de personas que tanto le gusta meterse en la vida de las personas que no se ajustan al código de turno, es decir: “buches”, insufribles otarios & personas que odian demasiado y cuyo lema de vida es “vivir es molestar”.


En el verano de 1922 la Unión Cívica Radical, por no estar garantizada la transparencia de la elección, decidía no presentar candidatos para gobernador ni para la renovación de la Legislatura provincial. Con apenas 26 años Badessich, funda el Partido Bromosódico Independiente, que lo postulaba como diputado para las elecciones del 26 de marzo. La revista “Caras y Caretas” nos cuenta: “Badessich hizo una campaña de varios meses y eficaz. No pegó carteles, pero dio 300 conferencias (...) y para que nadie lo olvidara, se vistió de papel, queriendo demostrar que el hábito no hace al monje y que un hombre fuerte debe ignorar el ridículo”.
Como se suponía, votaron apenas 6761 de los 31.485 habilitados. El 10 de abril, el recuento de la Junta Escrutadora confirmó como ganadores por la mayoría a los conservadores, por la minoría, el vencedor fue Badessich, quien terminó superando al clerical Manuel Maciel por 716 contra 694. Ni lento ni perezoso, apenas finalizaron de contar el ultimo voto, Badessich se instaló en el edificio de la Legislatura donde pensaba resistir al insoportable gorilaje cordobés, que lo quería encanar para que no asumiera. “Era mi última defensa, porque preso no podía ser electo. La policía estaba en la puerta, pero yo no salí y tuve que comer allí lo que me alcanzaron mis amigos”, explicaría el carismático líder a sus fans.


El diario “La Nación” con ese olfato que lo caracteriza de combatir cualquier cosa libre, piola o canchera, vomitaba: “es un personaje colocado fuera de la razón y de reconocida incapacidad. En nombre de la cultura y el decoro del país no debe asumir”. El diputado, electo por el sabio dedo del pueblo, replico: “¿Dónde pone ella el decoro? ¿En la levita del electo, en las artimañas electorales que la preceden, en la acción histórica del nepotismo? ¿En la tontera absoluta y religiosa? Si eso es el decoro, yo carezco de él. Ninguna de esas taras es la mía. (...) Mis proyectos son los de un hombre común que conoce los problemas de su patria. He sido telegrafista sin hilos en las Islas Orcadas durante tres años, y en Formosa. ¿Quién ha abarcado el país mejor que yo? ¿Qué argentino ha estado más compenetrado del resto del globo? Si los diputados pudiesen oír la música de las ondas hertzianas en las Orcadas, el ruido del mundo desde esa soledad, su juicio variaría.”


Luego de ser desalojado por las fuerzas del orden del despacho que ocupara, Badessich acudió a un homenaje que le organizaron, donde prometió con fina ironía, 716 casas económicas para los que lo habían votado, y para seguir llevando tranquilidad a los ciudadanos decentes, dijo: “Repito una vez más, propugnaré el amor libre, la separación de la Iglesia del Estado, la supresión del Ejército por antisocial y anacrónico, el acortamiento de los hábitos sacerdotales para, con la tela economizada, hacer ropa para los chicos pobres, la eliminación de las esquinas para evitar los choques, la implantación de la República cordobesa con representantes confidenciales ante los países de Europa y América, Argentina incluida. Desde esta tribuna desafío a los cremosos del Club Social y a los demás zánganos de la colmena a que se atrevan a impedir con su policía mi inevitable acceso a una banca”. Entre la concurrencia se encontraban: José Ingenieros: “Sus ideas me han parecido más sensatas y armónicas que la mayoría de los discursos parlamentarios que suelen publicar los diarios de Buenos Aires”, el penalista Eusebio Gómez, Deodoro Roca, redactor del famoso Manifiesto de la Reforma Universitaria, Gregorio Bermann, después creador de la pionera revista Psicoterapia, el economista Guillermo Ahumada y el abogado Arturo Orzábal Quintana.


El 27 de abril, la Comisión de Poderes de la Cámara de Diputados, resolvió que Badessich era “una persona notoriamente incapacitada para desempeñar las funciones de legislador” y rechazó su diploma “por decoro del cuerpo”. Y aquí no ha pasado nada señores, circulen. Don Enrique, enojadísimo, reclamó la intervención de la provincia y advirtió, haciéndose el loquito, que si eso no ocurría, haría “volar por los aires” la Legislatura mediterránea. Días después afirmo, con científica convicción: “Hay que practicar el amor libre. Ciudadanos... si queréis tener una buena mujer, paz, sosiego y tranquilidad en vuestro hogar, no la mandéis a la iglesia. En Córdoba, yo y 199 muchachos hemos puesto en práctica nuestras teorías; y puedo afirmar que, como me llamo Badessich, lo que se llama cuerno no existe”.


¿Que fuerza mágica lo guiaba para ser tan macanudo? Leamos lo que escribió en “Crítica”: “No cerceno mi avanzado y sano idealismo por dinero (...) No milito en ningún partido de la aristocracia, no soy miembro de ninguna asociación reaccionaria, mafiosa, absurda, inhumana ni inquisitorial (...) Yo soy pobre en metálica fortuna, pero soy millonario en libertad”.
Las noticias que tenemos del resto de su vida son bastante interesantes. En 1928 en Santa Fe hizo campaña en favor de un segundo mandato de Yrigoyen, lo que también le ocasionó varias entradas a prisión, ya que esa provincia era uno de los bastiones del radicalismo más conservador. Luego se rajo para Entre Ríos donde siendo director de un diario, fue detenido por una presunta incitación al asesinato del dictador José Félix “Von Pepe” Uriburu. El 15 de octubre de 1945 presento un recurso de “hábeas corpus” en pos del entonces coronel Juan Perón, que estaba en la lona pero a punto de pasar a la historia. El diario Crítica anunció, en tono de burla: " El líder del Partido Bromosódico Independiente pidió la libertad de Perón." Años después fue acusado, por los ortivas de siempre, de estafas y una denuncia por robo, de las que fue ser sobreseído.


En 1961 Badessich murió en Buenos Aires, solo como un perro, sin que nadie reclamara su cuerpo. Es decir no tenemos lugar donde llevarle flores.


Y colorin colorado, la gente de mierda volvió a dormir tranquila.


La mayor parte de los datos esta en: “Todo es Historia” Nº 6. Mayo de 1969. Es decir en la fecha del “Cordobazo” (levantamiento de hombres y mujeres libres de Córdoba contra el dictador Ongania). ¿Casualidades?

jueves, abril 23, 2009

10.000 Jornadas




FERDINAND CHEVAL (1836-1924). El francés Cheval trabajaba de cartero. Un día de 1879, mientras hacía su ronda, tropezó con una piedra que, según aseguró, por su forma y características le recordo la figura de un palacio. Por la noche volvió a ese lugar a por más piedras. Durante los 33 años siguientes se dedicó a recoger, aprovechando su ruta de cartero, las piedras más hermosas y adecuadas, . Se las metía en los bolsillos o utilizaba una carretilla . En una placa inscribió: “10.000 jornadas, 93.000 horas, 33 años de esfuerzos”. El lugar poseia capillas, laberintos, rosetones, cascadas, columnas, salas, frutas y árboles de piedra. El tema recurrente era el cielo y el infierno. Quiso ser enterrado en su palacio, las autoridades se lo prohibieron, entonces dedicó los días que le quedaban a construirse un mausoleo en el cementerio de Hauterives, en la provincia de Drôme, donde está enterrado. En 1969 André Malraux, en calidad de Ministro de Cultura declaró el castillo Patrimonio Cultural.

miércoles, abril 22, 2009

Su corazon no estaba en el sitio adecuado



ENRY DARGER (1892-1973). Nacido en Abril de 1892 en Brasil, cuando tenía cuatro años, su madre murió al dar a luz a una hermana la que fue dada en adopción y a la que nunca conocería, el fue internado en un orfanato católico, ya que papa no queria mas lola.
Posteriormente Darger empezo a decir que: "su corazón no estaba en el sitio adecuado" y los del orfanato se lo sacaron de encima trasladandolo a una institición psiquiátrica. Tras repetidos intentos de fuga, logro escaparse a los dieciséis años y debió mantenerse haciendo trabajos manuales, como haría durante los siguientes años.
Viajo a Estados Unidos y se instalo en una habitación en el North Side de Chicago en la cual estubo el resto de su vida. Se mantenia de changas, en la mas absoluta miseria, asistía a misa, a veces hasta cinco veces al día. Su único amigo conocido fue William Shloder quien compartía con Darger el proyecto de fundar una "Sociedad Protectora de los Niños".
Después de su muerte ocurrida el 13 de Abril de 1973 en un hospicio de las Hermanitas de la Caridad, los caseros de Darger, se encontraron con un cuarto lleno de recortes de periódicos, pedazos de revistas, libros destripados, basura, gigantescas acuarelas y tres textos:
1- "The story of the Vivians girls, in what is known as the Realms of the Unreal, of the Glandeco-Angelinian War Storm, caused by the Child Slave Rebellion", -el cual podria ser un buen titulo para una cancion de Marc Bolan- ("La historia de las niñas Vivian, en lo que se conoce como los Reinos de lo Irreal, sobre la Guerra-Tormenta Glandeco-Angeliniana causada por la rebelión de los Niños Esclavos") de 15.154 páginas.
2- "The History of My Life" escrito en 1968, que dedica 206 páginas a explorar sus frustraciones infantiles, tras lo cual dedica las siguientes 4.672 a contar la historia de un tornado llamado "Sweetie Pie," que destruye un pueblo entero.
3- "The book of weather reports", en el que Darger anotó durante 10 años el parte meteorológico de Chicago, con comentarios casi siempre enojosos hacia el “hombre del tiempo”.
Sus ilustraciones contienen muchos recortes de revistas populares, cómics y libros infantiles que encontraba en la calle, llenas del color, describiendo escenas de fugas, batallas épicas, escabrosas torturas y figuras femeninas, que aparecen total o parcialmente desnudas con organos sexuales masculinos. Su desconocimiento de la anatomía femenina estaria vincilado a su rechazo a tener relaciones sexuales. Su obsesión por el detalle es tal, que describe todos los uniformes de los soldados, da nombres a todos ellos, así como a todos los paisajes, desde la forma de las hojas hasta la orografía de un bosque, o especifica los mapas de las batallas.
Experto en música militar, compone también las marchas y los himnos de los ejércitos; las cuales, de tanto en tanto los vecinos escuchaban interpretar a Henry en su apartamento.
El American Folk Art Museum funda en el 2002 un Centro de Estudios Henry Darger .
A lo largo de 2007, la exposición itinerante –Nueva York, Berlín, Roma– titulada "Into me/out of me" llevó la obra de Darger compartiendo cartel con artistas de la talla de Hamilton, Acconci, Walter de María o Vick Muñiz.
En el año 2008 se inaugura en el American Folk Art Museum de Nueva York otra importante exposición titulada: Darger-ismo: artistas contemporáneos y Henry Darger.

miércoles, marzo 11, 2009

DETRAS DE TODO HAY NADA


Delantal sucio. Vecinos. Autopista vigiladas por cámaras de tv. Balneario a lo largo del río. Vacas, soja, arboledas de los cascos, antenas diret tv. El arroyo. Caballo blanco con pintitas negras, come pasto, luego me mira y rebufa. Escuchando música por la radio del auto. Carteles de almacén, carnicería, farmacia. Cables cruzados por el aire. En un rancho suena un chamamé. Delante de una fila de eucaliptos. Tractores. Garrapiñada. Pizza, bebidas frescas. Tranqueras. Corderos que asan al fuego. La municipalidad. La estatua del prócer. La plaza. Parrilla. Rastrojero diesel que pasa tocando la bocina. Pájaros de la cabeza de atar.

jueves, febrero 12, 2009

MUJER BARBUDA SOBRE UN TRANSATLÁNTICO EN LLAMAS

Sé lo que es una mala racha. Hace poco empezaron a morirse de pena todos mis amigos, y como la cosa es contagiosa me agarro miedo. Así que vendí mi casa y con ese dinero me embarque en el ultimo viaje en transatlántico que se haría; ya que ahora la gente quería viajar más rápido hacia cualquier lugar y no lento hacia cualquier lugar. Para mí era mejor lento ir hacia cualquier lugar.

Luego de unos días de estar en pleno océano Atlántico me di cuenta que la gente era maravillosa y hermosa, pero nadie me daba bolilla. Estaba solo, pero no triste. Cuando pasaban los días me di cuenta que era un desatino estar solo, entre esa multitud tan glamorosa. Entonces me encerré en mi camarote y salía por las noches a la cubierta principal, y a veces por las bodegas de carga, a fumar y confraternizar con los marinos, a contarles que era insomne y que estaba pasándola muy bien y pasábamos el tiempo, hablando del tipos de cabos y de nudos marineros.

El incendio empezó en las bodegas, parece que fue intencional. Vi a la gente matándose por un mísero salvavidas, arrancándose las caras a rasguños por un bote. Yo me dirigí al bar, había visto un par de botellas que eran un pecado que se fueran al fondo del mar y luego pase por la enfermería, si las cosas se ponían mal nunca esta de mas algo de morfina. Cuando estaba revolviendo la enfermería y el agua subía hasta mis rodillas y los gritos y estallidos me distraían de la búsqueda, la vi pasar a ella por el pasillo, caminado lentamente, con un vestido rojo. Me trajo suerte, encontré el lugar donde estaban las ampollas, y las puse en el bolso marinero donde tenia las bebidas. Ya con el agua al cuello, muy cansado por mi pesada carga y flotando, entre cadáveres e inmundicias, logre salir a popa donde las cosas estaban bastante movidas e inclinadas y en llamas, ella estaba allí: una mujer bellísima con una barba enorme, apoyada en el pasamanos, totalmente calmada. Le dije si no pensaba salvarse y me dijo, que no.

Me tire al mar con mis pertenencias y logre caer cerca de un bote que llevaba a una anciana, una sirvienta y a sus siete perros de pura raza, nade hacia allí y mientras me decían que no había lugar, logre subirme. Mientras intentaban tirarme al agua yo solo tenia ojos para ver a la extraña criatura y estaba allí, una mujer barbuda en un transatlántico en llamas, con fondo de estrellas. Luego hubo una explosión y vi el vestido rojo volar por los aires.

viernes, febrero 06, 2009

No es una guerra, no hay ejércitos enfrentados. Es una matanza.
No es una represalia, no son los cohetes artesanales que han vuelto a caer sobre territorio israelí sino la proximidad de la campaña electoral lo que desencadena el ataque.
No es la respuesta al fin de la tregua, porque durante el tiempo en el que la tregua estuvo vigente el ejército israelí ha endurecido aún más el bloqueo sobre Gaza y no ha cesado de llevar a cabo mortíferas operaciones con la cínica justificación de que su objetivo eran miembros de Hamas. ¿Acaso ser miembro de Hamás despoja de condición humana al cuerpo desmembrado por el impacto del misil y al supuesto asesinato selectivo de su condición de asesinato sin más?.
No es un estallido de violencia. Es una ofensiva planificada y anunciada hace tiempo por la potencia ocupante. Un paso más en la estrategia de aniquilación de la voluntad de resistencia de la población palestina sometida al infierno cotidiano de la ocupación en Cisjordania y en Gaza a un asedio por hambre cuyo último episodio es la carnicería que en estos días asoma en las pantallas de nuestros televisores en medio de amables y festivos mensajes navideños.
No es un fracaso de la diplomacia internacional. Es una prueba más de complicidad con el ocupante. Y no se trata sólo de Estados Unidos que no es referencia moral ni política sino parte, la parte israelí, en el conflicto; se trata de Europa, de la decepcionante debilidad, ambigüedad, hipocresía, de la diplomacia europea.
Lo más escandaloso de lo que está pasando en Gaza es que puede pasar sin que pase nada. La impunidad de Israel no se cuestiona. La violación continuada de la legalidad internacional, los términos de la Convención de Ginebra y las mínimas normas de humanidad, no tiene consecuencias. Más bien, al contrario, parece que se premia con acuerdos comerciales preferentes o propuestas para el ingreso de Israel en la OCSE. Y qué obscenas resultan las frases de algunos políticos repartiendo responsabilidades a partes iguales entre el ocupante y el ocupado, entre el que asedia y el asediado, entre el verdugo y la víctima. Qué indecente la pretendida equidistancia que equipara al oprimido con su opresor. El lenguaje no es inocente. Las palabras no matan pero ayudan a justificar el crimen. Y a perpetuarlo.
En Gaza se está perpetrando un crimen. Lleva tiempo perpetrándose ante los ojos del mundo. Y nadie podrá decir, como en otro tiempo se dijo en Europa, que no sabíamos.
Firmas: José Saramago, Teresa Aranguren, Pedro Martínez Montávez, Rosa Regás, Pilar del Río, Cármen Ruiz Bravo, Belén Gopegui, Constantino Bértolo, Santiago Alba Rico.

martes, enero 20, 2009

OPERACIÓN PLOMO IMPUNE

Eduardo Galeano

(Este artículo está dedicado a misamigos judíos asesinados por lasdictaduras latinoamericanas queIsrael asesoró)

Para justificarse, el terrorismo de estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos.
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Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.
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Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelita usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina.
Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.
Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa.
No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.
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Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros.
¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?
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El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quien mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales. En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.
Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí.
Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.
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La llamada comunidad internacional , ¿existe?
¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro?
Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad.
Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.
La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima, mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.